Immunity

Nuestro Sistema Imnume y La Importancia del Sueño

La defensa de nuestro cuerpo está regulada por el sistema imnune, y este, a su vez, depende de nuestro hábitos de sueño.

RM
Dra. Paola Encarnación
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El sueño tiene un papel importante en mantener la capacidad del sistema inmunitario para protegernos eficazmente frente a agresiones. En situaciones de infección, cánceres en premalignidad, lesiones o traumatismos se genera una respuesta inmune que activa al sistema de defensa y se producen multitud de sustancias moduladoras de esta respuesta a estos estímulos, estas sustancias se conocen como citoquinas.

Se ha visto que la mayoría de ellas también están relacionadas con la regulación del sueño. La interleukina-1, por ejemplo, aumenta durante las infecciones y tiene mucha influencia e interacción con zonas muy importantes en el cerebro que estimulan el sueño. Así, durante la respuesta inmune a las infecciones, hay un aumento de la necesidad de sueño y especialmente del sueño de ondas lentas, las que llevan a reparación del nuestro organismo. Otras citoquinas, como el factor de necrosis tumoral alfa, se sabe que son capaces de producir somnolencia durante el día. Las situaciones de inflamación crónica, como hoy se sugiere que pueden ser algunas enfermedades como la obesidad y la diabetes, también se asocian con somnolencia diurna.

Diversos experimentos han mostrado que la producción de anticuerpos tras una vacunación y la memoria del sistema inmunitario se ven modificadas por el sueño. La administración de la vacuna de la gripe en sujetos que dormían menos de 5 horas al día producía un 50% menos de anticuerpos que en los sujetos con una duración del sueño normal; resultados similares se han obtenido con la vacuna de la hepatitis A. Esto explicaría algunos trabajos que han demostrado mayor susceptibilidad a los resfriados comunes y la gripe de los sujetos que trabajan a turnos.

El que el sueño favorezca la respuesta inmune se puede asociar de forma oportunista a que, en un estado de menor necesidad energética, se puedan destinar más recursos para vencer la infección, como serían la respuesta febril y el consumo calórico asociado a ella (Krueger et al., 2016).